miércoles, 6 de febrero de 2008

Las ciudades y los ojos. 3

De vez en cuando me gusta leer algún pequeño relato de los 55 que se encuentran en el libro Las Ciudades Invisibles, de Italo Calvino.
Lecturas recomendables al 100%.

"Después de andar siete días a través de boscajes, el que va a Baucis no consigue verla y ha llegado. Los finos zancos que se alzan del suelo a gran distancia uno de otro y se pierden entre las nubes, sostienen la ciudad. Se sube por escalerillas. Los habitantes rara vez se muestran en tierra: tienen arriba todo lo necesario y prefieren no bajar. Nada de la ciudad toca el suelo salvo las largas patas de flamenco en que se apoya, y en los días luminosos, una sombra calada y angulosa que se dibuja en el follaje.

Tres hipótesis circulan sobre los habitantes de Baucis: que odian la tierra; que la respetan al punto de evitar todo contacto; que la aman tal como era antes de ellos, y con catalejos y telescopios apuntando hacia abajo no se cansan de pasarle revista, hoja por hoja, piedra por piedra, hormiga por hormiga, contemplando fascinados su propia ausencia."

Italo Calvino, Las Ciudades Invisibles, 1972.

4 comentarios:

www.seren-dipitismo.blogspot.com dijo...

A mí me encantan 'El vizconde demediado' y, sobre todo, 'El barón rampante' y 'El caballero inexistente'. En este último caso, por dos personajes: el caballero que tenía cuerpo pero sin alma, y el que tenía alma pero carecía de cuerpo. Es una trilogía magnífica.

Manuman dijo...

Hum... me habéis animado a releer a Calvino.

Marian dijo...

No he leído los libros que dices Serendipity, aunque son muy conocidos... ¿Me los recomiendas?

Sin duda Italo Calvino hay que leerlo alguna vez en la vida.

Aunque para mi gusto, el libro de "Las Ciudades Invisibles" está bastante mal traducido al castellano. A veces me gusta leerlo en voz alta y la verdad hay cosas que suenan mal. No sé...

www.seren-dipitismo.blogspot.com dijo...

"El amor se reanudaba con una furia similar a la de la pelea. Era, en realidad, la misma cosa, pero Cósimo no entendía nada.
-¿Por qué me haces sufrir?
-Porque te amo.
Ahora era él quien se enfadaba.
-¡No, no me amas! Quien ama qiere la felicidad, no el dolor.
-Quien ama quiere sólo el amor, aun a costa del dolor.
-Me haces sufrir adrede, entonces.
-Sí, para ver si me amas.
La filosofía del barón se negaba a ir más allá.
-El dolor es un estado negativo del alma.
-El amor lo es todo.
-Contra el dolor ha de lucharse siempre.
-El amor no se niega a nada.
-Hay cosas que no admitiré nunca.
-Sí que las admites, porque me amas y sufres".
(El barón rampante)