miércoles, 21 de noviembre de 2007

Lo primero es lo primero.

The First Things First Manifesto (1964).

"Reaccionando contra la opulencia de la Gran Bretaña de los años sesenta, este manifiesto buscaba radicalizar el diseño, que se había vuelto vago y acrítico. A partir de las ideas de la Teoría crítica y la Escuela de Fráncfort, así como las de la contracultura de la época, afirmaba que el diseño no es un proceso neutral, carente de valor. Atacaba a la cultura consumista que sólo se interesaba por comprar y vender cosas, y reivindicaba la dimensión humanista del diseño gráfico. Fue puesto al día por un nuevo grupo de diseñadores en el año 2000." -Wikipedia-

A partir de este manifiesto que nos enseñó Raquel Pelta (una gran profe), debatimos mucho en clase, nos ayudó a aclarar nuestras ideas y proyecciones, así que le tengo un especial cariño. Aunque en mi opinión es algo idealista. Es evidente que a la mayoría de personas les gustaría trabajar en algo "bueno" pero lo cierto es que a veces no queda mucha más opción que ganarse la vida de otras formas. Aunque la verdad, como dijo
R. Buckminster Fuller:
"Si usted quiere ser diseñador tendrá que decicir qué le interesa más: hacer cosas que tengan sentido o hacer dinero."

Y de todas formas como en la actualidad es bastante complicado hacerse rico con el diseño, mejor hacer cosas que tengan sentido, ¿no?.

"Nosotros, los abajofirmantes, somos diseñadores gráficos, directores de arte y comunicadores visuales que hemos sido educados en un mundo en el que se nos ha hecho creer que la publicidad y sus técnicas representan la más lucrativa, efectiva y más deseable manera de usar nuestro talento. Muchos diseñadores, profesores y maestros promueven esta creencia; el mercado lo premia; cantidad de libros y publicaciones lo refuerzan.

Empujados en esta dirección, los diseñadores aplican sus aptitudes y su imaginación para vender galletas para perros, café para diseñadores, diamantes, detergentes, gel para el cabello, cigarrillos, tarjetas de crédito, zapatillas deportivas, cremas tonificantes para el trasero, cerveza light y vehículos todoterreno. El trabajo comercial siempre ha pagado las facturas, pero muchos diseñadores gráficos han permitido que parezca, de alguna manera, que éso es lo que hacen los diseñadores. Ésto, en consecuencia, se convierte en cómo el mundo percibe el diseño. El tiempo y la energía de la profesión se utiliza construyendo la demanda de objetos que en el mejor de los casos son innecesarios.

Muchos de nosotros nos sentimos incómodos con esta visión del diseño. Los diseñadores que dedican su esfuerzo principalmente a la publicidad, al márketing
y al desarrollo de marcas son defensores, e implícitamente aprueban, un entorno mental tan saturado de mensajes comerciales que está afectando a la manera misma en que los consumidores hablan, piensan, sienten, responden e interactúan. De alguna manera estamos todos colaborando en la redacción de un código de discurso público muy dañino imposible de cuantificar.

Hay objetivos que merecen más la pena en los que aplicar nuestros conocimientos de resolución de problemas. Esta crisis medioambiental, social y cultural sin precedentes merece nuestra atención. Muchas intervenciones culturales, campañas de márketing social, libros, revistas, exposiciones, herramientas educativas, programas de Televisión, películas, causas solidarias y otros proyectos de información visual requieren urgentemente nuestra experiencia y nuestra ayuda.

Proponemos un giro de prioridades en favor de una forma de comunicar más útil, duradera y democrática – una mentalidad más alejada del márketing y hacia la búsqueda y producción de un nuevo tipo de significados. El margen de debate
se está reduciendo; debe crecer. Nadie responde al consumismo; éste debe ser desafiado por otras perspectivas expresadas, en parte, a través del lenguaje visual y de los recursos del diseño.

En 1964, 22 profesionales de la comunicación visual firmaron el manifiesto original para dar un uso más responsable a nuestro talento. Con la explosión de la cultura global de la comunicación, su mensaje es hoy más urgente. Hoy, renovamos
su manifiesto con la esperanza de que no pasen muchas décadas antes
de que se haga realidad.

Jonathan Barnbrook / Nick Bell / Andrew Blauvelt / Hans Bockting / Irma Boom / Sheila Levrant de Bretteville / Max Bruinsma / Siân Cook / Linda van Deursen / Chris Dixon / William Drenttel / Gert Dumbar / Simon Esterson / Vince Frost / Ken Garland / Milton Glaser / Jessica Helfand / Steven Heller / Andrew Howard / Tibor Kalman / Jeffery Keedy / Zuzana Licko / Ellen Lupton / Katherine McCoy / Armand Mevis / J. Abbott Miller / Rick Poynor / Lucienne Roberts / Erik Spiekermann / Jan van Toorn / Teal Triggs / Rudy VanderLans / Bob Wilkinson"

2 comentarios:

Remedios dijo...

Uff como manifiesto me parece genial, muy idealista y romántico, y sitúa al diseñador en el ámbito del artista, muy en la onda de los años 60.

Ahora las necesidades y preocupaciones que manifestaron este grupo de diseñadores se han magnificado y reivindicarlas es acuciante.

Resulta muy preocupante la tesitura en que los clientes y las propias agencias están poniendo a los diseñadores, siempre menospreciando nuestra opinión, siempre regateando nuestros precios.

Esto en parte se debe a la corriente tan de moda del hágaselo usted mismo, que hasta las instituciones, para librarse de su mala conciencia, intentan fomentar con iniciativas como las de la Comunidad de Madrid con el concurso de los Juegos Olímpicos. Y nosotros sin decir ni pío.

Más cosas que destacaría en este panorama: la competencia desleal, el miedo a perder el trabajo o que no lo paguen, la dificultad de los jóvenes a optar a los mismos trabajos que esos diseñadores dinosaurios de generaciones arcaicas, la política de bajadas de precio hasta límites absurdos y que cualquiera puede, con un ordenador y unas mínimas nociones de diseño hacer un "trabajito fino" este panorama tan negro ha degenerado tanto el trabajo del diseñador que creo ya no estamos para manifiestos sino para pasar a la acción ya.

Igual que los guionistas de Hollywood ha ido a la huelga también nosotros deberíamos tomar iniciativas parecidas.

Aunque antes que todo eso, sería bueno tener un sentimiento algo más corporativista, con un colegio de diseñadores a nivel nacional, sensible a nuestros problemas, joven y fresco, que nos represente y vigile para que no se violen nuestros derechos.

Y eso sí que es una utopía.

Madre mía vaya discursito que te he soltado, perdóname.

Besos

Marian dijo...

Estoy en gran parte de acuerdo contigo. Aunque la verdad es que yo todavía el mundo laboral no lo conozco demasiado bien, pues hasta hace muy poco he estado estudiando.

Es verdad que esta es una profesión relativamente nueva y por lo tanto en general, la gente no sabe demasiado bien en qué consiste realmente, además el diseño es un término completamente banalizado y se ha frivolizado mucho en su nombre: "es que esta silla vale 600€ porque es 'de diseño'...", o peor aún la típica frase de "mucho diseño y poco contenido".

Por otro lado, para ser un buen diseñador es necesario que seas una persona despierta, dinámica, curiosa, con ganas de aprender, de sorprenderte, etc. Exige conocer mucho de todo. Creo que es un trabajo bastante agotador a nivel mental y eso es algo frustrante si luego no se sabe valorar. Por supuesto hay muchísimo intrusismo en este mundo y hay muchas personas que saben un poco de Photoshop y ya se hacen llamar "diseñador".
De todos modos, eso no implica, en mi opinión, que el aprendizaje autodidacta sea excluído. Porque a veces no depende tanto de los estudios que tengas sino de la voluntad, aunque siempre es necesario tener unos mínimos.

Luego es que vas por ahí y encuentras cosas cutres recutres y claro, es bastante deprimente. Aunque tampoco pienso que sea necesario que todo lo que nos rodea esté diseñado. Todo depende.

En fin, creo que vivimos en un mundo demasiado competitivo y demasiado rápido. Estamos saturados de tanto y tanto.

Un abrazo.

Marian