miércoles, 11 de julio de 2007

El lujo

Cito un texto del comienzo del libro de Bruno Munari ¿Cómo nacen los objetos? de la editorial Gustavo Gili, 1987, Barcelona. Me parece un texto muy interesante y cierto. Cito textualmente:

"El lujo es la manifestación de la riqueza incivil que quiere impresionar a quien se ha quedado pobre. En la manifestación de la importancia que se le da a todo lo exterior y revela la falta de interés por todo lo que es elevación cultural. Es el triunfo de la apariencia sobre la sustancia.

El lujo es una necesidad para mucha gente que quiere tener una sensación de dominio sobre los demás. Pero los demás si son personas civiles saben que el lujo es ficción, si son ignorantes admirarán y tal vez hasta envidien a quien vive en el lujo. Pero, ¿a quién le interesa la admiración de los ignorantes? Quizás a los estúpidos.
De hecho el lujo es una manifestación de estupidez.
Por ejemplo: ¿para que sirven los grifos de oro? Si por esos grifos de oro sale agua contaminada, ¿no sería más inteligente, por el mismo precio, instalar un depurador de agua y tener unos grifos normales?
El lujo es pues la utilización impropia de los materiales costosos sin mejorar sus funciones. Por tanto, es una estupidez.

Naturalmente el lujo está relacionado con la arrogancia y con el dominio sobre los demás. Está relacionado con un falso sentido de autoridad. Antiguamente la autoridad era el brujo que tenía aderezos y objetos que sólo él podía poseer. El rey y los poderosos se vestían de costosísimos tejidos y pieles. Cuanto más sumido en la ignorancia se tenía al pueblo más rodeada de riquezas se mostraba la autoridad. Y todavía hoy se producen en muchas naciones estas manifestaciones de apariencias milagrosas. A la vez, sin embargo, entre la gente sana va ganando terreno el conocimiento de la realidad de las cosas y no de su apariencia. El modelo ya no es el lujo y la riqueza, ya no es tanto el tener como el ser (para decirlo con palabras de Erich Fromm). A medida que desciende el analfabetismo la autoridad aparente disminuye y en lugar de la autoridad impuesta se considera la autoridad reconocida. Un cretino sentado en un gran trono tal vez podía sugestionar en tiempos pasados, pero hoy, y sobre todo mañana, se espera que deje de ser así. Desaparecerán los tronos y los lujosos sillones para los dirigentes impuestos, los decorados especiales para los mandatarios, los estrados de lujo levantados sobre tarimas de caoba. Los oropeles. Los graderíos y todo lo que servía para sugestionar.
En fin, quiero decir que el lujo no es un problema de diseño."

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